El frío del invierno reseca la piel, comprime los poros y la piel – si no se cuida adecuadamente – puede adquirir un tono opaco propio de esa estación del año. Pero llega el verano, y el calor, la sal del mar o el agua de la piscina, el sol, dilatan los poros y activan las glándulas sebáceas que posee la piel produciendo esa sensación de grasitud en el rostro, que también merece atención.
El sebo corporal es una sustancia que nuestro organismo produce con el fin de lubricar la piel y protegerla de las agresiones externas, sin embargo, el sebo en exceso no sólo resulta molesto o antiestético sino que puede ser la primera señal de afecciones mayores. Continuar leyendo


