La agitada vida moderna exige de nosotras más tiempo del que en realidad disponemos. La casa, hijos, parejas, amigos, todos merecen nuestro tiempo y atención, pero en ocasiones no podemos dárselos, o al menos no con la calidad que quisiéramos.
Desde que la mujer salió a trabajar, se independizó económicamente de su esposo, o incluso, desde que decidió llevar adelante un hogar por sí misma, el mundo nos aplaude y valora la iniciativa femenina de progresar y realizarse personalmente. Sin embargo hay un precio que pagar y muchas veces es muy alto.
El que primero siente las agresiones del ajetreo cotidiano es nuestro cuerpo. El cabello es protagonista de diferentes peinados, planchas y productos que suelen dañar su apariencia. Nuestros pies y piernas dan cuenta de los tacones, las caminatas y las largas filas que debemos soportar de pie cada día. La piel recibe maquillaje y factores externos como el sol o el viento. Lo peor de todo es que no disponemos del tiempo para revertir este proceso biológico inexorable. ¿Qué hacer? ¿Cuál es la prioridad? La respuesta es bien simple: dormir. Continuar leyendo


