El fascinante y dinámico mundo de la cosmetología nos ofrece cada día más y mejores productos destinados a un solo objetivo: detener el tiempo. Como bien sabemos que tal cosa es imposible, debemos contentarnos con mejorar la apariencia de nuestra piel, lograr más lozanía, recuperar la hidratación natural, retrasar (tanto como sea posible) la aparición de arrugas, en fin, todo aquello que hoy, en nuestras sociedades, consideramos como símbolo de belleza.
Sin embargo los cosméticos no son productos tan “inofensivos” como parecen. Sus ingredientes de vanguardia son agentes químicos que colocamos en nuestra piel. Es cierto que están especialmente pensados, diseñados y desarrollados para tal fin, pero no debemos olvidar que no todas las personas tienen el mismo tipo de piel y mucho menos, idéntico grado de sensibilidad frente a factores externos. ¿Puede ser peligroso un cosmético? Sí, sin dudas. Continuar leyendo


